miércoles, 11 de agosto de 2010

La previa

Hablar de evaluación en procesos de enseñanza y aprendizaje, es tal vez partiendo de mi experiencia una de mis mayores debilidades como docente y aún más como estudiante.

Tal vez como docente no he podido desprenderme de los años y años de estudiante que he sido evaluado y calificado. Desde siempre he visto la nota como un mecanismo de presión, de aconductamiento del comportamiento, de premio o castigo… ha sido la mayor motivación para estudiar más allá de los aprendizajes.

Cómo estudiante nunca entendí eso de la evaluación integral, ni la evaluación por procesos, ni mucho menos la evaluación por competencias que promulgaba la universidad en mi época de estudiante; y no la entendí porque simplemente nunca me explicaron la relación entre las competencias y los cientos de contenidos y conceptos que trabajábamos en Historia y Geografía.

Como estudiante mi experiencia en cursos mediados por TIC, ha sido muy poca, sin embargo, frente a la evaluación puedo decir que ha sido muy clara, por primera vez me presentaron unos criterios detallados, en una rúbrica y en un trayecto de actividades que guiaban mi proceso; además tenía un sentido diferente a lo antes experimentado por cuanto contemplaba no solo heteroevaluación, sino también coevaluacion y autoevaluación en espacios individuales y colectivos. Espacios privilegiados donde he podido aprender mucho más al interactuar con otros compañeros de otras áreas.

Frente a la tecnología podría decir que a hecho muy ágil los procesos de evaluación vividos por cuanto a posibilitado oportunidad en envió y entrega de resultados.
Referente a los procesos de evaluación puedo decir también que con frecuencia, los momentos de enseñanza están en destiempo con el momento de aprendizaje dado que los contenidos cobran significado mucho después y por tanto no coinciden con el momento de la evaluación.

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